Un miércoles pasado
Por San Antonio Abad, junto al metro del mismo nombre, huele a cilantro y a tortilla caliente. En los puestos callejeros, grupitos de personas comen tacos de cabeza, de birria, al pastor. Las luces de las farolas dejan ver gotas de lluvia, residuo de una tormenta reciente. Pero en la enormidad de esta ciudad, la televisión anuncia inundaciones en algunas zonas del centro. En otros sitios, apenas unos charcos.
El corazón de México, el Zócalo está repleto. Una miniciudad de tiendas de campaña, carpas, carteles y bullicio permanente junto a la Catedral de México y la bandera gigante que se mueve, lenta, bajo los relámpagos. Familias, parejas jóvenes, ancianos que parecen ir sin un rumbo preciso, sortean las nuevas calles que han nacido en el Zócalo en apenas tres días. Hay música y baile, pláticas, demostraciones de cómo fueron las elecciones, mensajes de ánimo a López Obrador y la más variada muestra de la imaginación mexicana en lo que al insulto y la burla se refiere: los destinatarios principales, Calderón, Fox y la maestra Gordillo, un ser que al más ingenuo de los seres sólo le inspiraría TERROR.
2 comentarios
ruben -
Andrés -
Un saludo