Almizcle y la noche de Compostela
El incienso de almizcle se ha apoderado de la habitación. Mejor. Este olor me trae calma, sosiego, quietud pues. Quietud necesaria para leer el suplemento dominical de "El País", que llega a México tan puntual como a cualquier kiosko de España. Y también el periódico, que compré ayer por la mañana a 26 pesos, uno más que si lo hubiera comprado en Cancún o en el DF. Cosas de provincias. La portada del periódico, a diferencia de la de España, está en blanco y negro. Sucede que llegan las noticias en los archivos informáticos correspondientes y aquí lo imprimen, con el toque especial de la publicidad mexicana, que también es española, pues en muchas ocasiones son restaurantes o distintos negocios de origen español los que aparecen entre las páginas.
Y aunque el almizcle se ha ido expandiendo, no he alcanzado el grado suficiente de quietud para leer la revista con ese don. Ni la entrevista de Auster, ni el reportaje de Intermón Oxfam (sí que miré, mucho más, las fotos) ni el de Zapatero. Sólo Marías, al final, una vez más, me ha ido atrapando hasta el último punto.
La varita de incienso de almizcle todavía no se ha consumido. Quizá sea eso.
En la calle, unos chavales juegan al fútbol. El zumbido de una mosca que se ha colado en la habitación y los perros que ladran a los niños son el retrato sonoro de la tarde en la colonia Valle Quieto, que lo es un poco menos ahora.
Lejos y ya de noche, la plaza del Obradoiro en Santiago de Compostela, hierve. Miles de personas pendientes de la fachada de la catedral, que arde con fuegos artificiales.
Durante varios años estuve allí en la víspera del 25 de julio, y siempre vuelvo allí con la memoria.
Porque no me fui del todo.
2 comentarios
Andrés -
Andrés -
Un saludo ;)